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Mostrando entradas de marzo, 2019

Salir victorioso del valle de lágrimas

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Desde el punto de vista cristiano, puede decirse que aceptar la soberanía de Dios es la cúspide de la resiliencia. Como en la conocida historia bíblica de José, quien luego de padecer en manos de sus hermanos, ser vendido como esclavo a Egipto, ser enviado a la cárcel injustamente por más de trece años, y luego por la providencia de Dios fue liberado y ascendido como segundo en todo el imperio después del Faraón. Rebotó y se levantó tantas veces que se transformó en el mentor bíblico por excelencia de todos los que sufren rechazo e injusticia. Al finalizar sus días, José pronunció la célebre sentencia: “ Ustedes pensaron hacerme mal, pero Dios cambió todo para bien, para hacer lo que hoy vemos, que es darle vida a mucha gente ” (Génesis 50:20). Vas a salir de la cárcel, habiendo logrado autoridad espiritual sobre tus enemigos. La prisión de las presiones y luchas espirituales pueden dejarte devastado si no crees firmemente que hay un propósito, que Dios no es un sádico que disfruta v

Resiliencia: mucho más que reparar lo que se ha roto

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Lamentablemente, la psiquis humana no es como ese viejo comercial del pegamento de dos componentes, que después de romper toda la cristalería el pegadizo jingle decía: “ Chachán, chachán, se arregla con Poxipol® ”. Algunas cosas, cuando se rompen, no se pegan así nomás . Se necesita un largo proceso de restauración, y las manos milagrosas del Creador para unir cuidadosamente las piezas esparcidas. Cuando llegamos al punto de los ataques de pánico, las fobias, la depresión, las crisis de angustia y más aun, cuando se disparan las neurosis u otro tipo de patologías, nunca vuelve a ser igual que antes. Algo se quiebra dentro de uno . Muchas veces este quiebre es reparable –otras veces no– dependiendo del punto en que se lo agarre y se lo trate. Las secuelas a nivel físico pueden quedar por un tiempo, o toda la vida. Yo, por ejemplo, en ese tiempo no sentía la misma capacidad mental que antes del colapso . Siempre fui una gran estudiosa y lectora, estaba acostumbrada a dar clases

Y después de tocar fondo, ¿qué?

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El tocar fondo —en algunos casos, estrellarnos— nos pone un freno, un límite que no nos deja avanzar a menos que cambiemos algunas conductas, o mejor dicho, algunas creencias que dan lugar a que actuemos de la manera que lo hacemos, y que nos están destruyendo la vida. Pero cambiar no es tarea fácil , si no todos lo lograrían. El cambio es un proceso que lleva tiempo, en el que atravesamos diferentes etapas , como la negación de la realidad, el enojo y la frustración, el autoengaño, la búsqueda de una salida más cómoda o menos dolorosa y el intento de negociar para no tener que cambiar. Finalmente, cuando nada de eso da resultado, agachamos la cabeza y decidimos aprender algo a través del cambio. Si estamos atravesando una época de desórdenes emocionales, como estrés, depresión, angustia, ansiedad, entonces seguramente hay algún cambio que efectuar . En realidad, el proceso de cambio se completa reaprendiendo . Se desaprende para volver a aprender. ¿Y qué tenemos que reaprend

Reconocer que hemos tocado fondo

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¿Por qué será que muchas veces, de manera inconsciente, estamos esperando tocar fondo para comenzar a arreglar las cosas que sabemos que andan mal ? ¿Por qué el estresado hombre de negocios o el líder cristiano espera el tope de un ACV o de un problema cardíaco para comenzar a hacer deporte o llevar una vida más sana? ¿Por qué el adicto precisa llegar hasta lo más bajo, arrastrarse por lugares y estados humillantes, antes de acudir a un centro de ayuda? Creo que muchas veces sabemos que no estamos yendo bien, pero nos cuesta emprender el proceso de cambio , con todo lo que acarrea. En mi búsqueda me crucé con las historias de otros creyentes, de personas dedicadas enteramente al servicio de Dios que también habían tocado fondo en algún momento. Su trayectoria avalaba sus palabras y las hacía aun más didácticas para mí. ¡Empezaba a ver que no era la única que atravesaba el desierto del desorden emocional! ¡Otros habían estado allí también, y ahora se animaban a contarlo! Algunos de